EL HOMBRE Y LA MUJER DEL FUTURO

El ser humano cada vez mejora, desmejora o queda igual. Siempre hay tendencias. Como la paradoja de la carrera entre la Liebre y la Tortuga, la Tortuga siempre gana. ¿Por qué? Porque matemáticamente la Tortuga llega primero siempre. Ya analizándolo de una manera más análoga, la Tortuga es excesivamente perseverante, constante, inteligente y corre (camina) a su propio ritmo. Por supuesto, el Dios personal, El Universo(impersonal) desean que ese sea el destino porque la causa es justa. Puede que la Tortuga sea introvertida (al principio, al menos) y la Liebre feliz (maniaca), pero la Liebre tiene un error garrafal: Es supremamente confiada. ¡Y no hay enemigo pequeño! También, la Liebre le gusta blofear (alardear) y burlarse de la Tortuga; La humilla porque es fea, más fea que “Betty La Fea”. Es tan bruta la Liebre que no ve que ella tiene partes feas (su energía interior); Y, por el contrario, juzga a la Tortuga como un animal inferior, siendo la Tortuga superior porque tiene una energía muy bacana, chévere e interesante. En la vida real, contemporánea, es, ha sido el dilema el como comportarse con el otro, el prójimo. Muchos seres mediocres quieren saber como se alcanza el éxito. Por esa razón, las personas inmaduras y mediocres, creen que la respuesta yace en aplastar al otro, con jugadas malucas y tramposas. Sin embargo, la perseverancia es una de las virtudes más importantes porque le da importancia al otro individuo. Lo esencial aquí es luchar, luchar y luchar. Y el que lucha es el justo ganador. El destino, que es un mecanismo independiente del Universo, le da la suerte al que se ha esforzado más, dados sus rasgos y cuestiones personales. Ahora bien, la generosidad, la compasión, la humildad y la sabiduría se desprenden de la perseverancia. En conclusión, los que generan más energía positiva son los ganadores. Actualmente, como se está agotando el método para el desarrollo interno de las personas, lo inevitable ocurrirá, siempre y cuando reflexionemos y cambiemos para bien. Entonces, la mujer y el hombre del futuro y del porvenir, a mediano plazo, deberían ser unas personas equilibradas, con una calificación general de un 8 sobre 10.

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