La Tierra se encuentra en una coyuntura muy difícil. Según escuché, ya no se llama el cambio climático (el calentamiento global) y le pusieron otro nombre (la ebullición global) (***), a raíz de que la temperatura global está desenfrenada. El mundo siempre ha estado loco. Sin embargo, vemos que se está agotando el modelo de desarrollo de las personas, tanto a nivel espiritual como material. Está en juego la existencia de la vida en el planeta. ¿Qué opciones quedan? La primera: Dejar que se mantenga el statu quo y esperar sin hacer absolutamente nada. La segunda: Actuar cada uno desorganizadamente. La tercera: Actuar de una manera coherente y dar un mazazo con algo innovador, atrayente, y de fácil entendimiento. ¿Pero, quiénes están destinados hacer esa proeza? Los que tengan el destino. O sea, unos individuos, que, aunque un poco limitados por el conocimiento de los dos niveles: interno y externo, estén dispuestos a correr el riesgo de ser ridiculizados. Deberían ser personas perseverantes, compasivas y generosas, con toda la amplitud y extensión de las palabras. No solamente se necesita que tengan un conocimiento intelectual, sino de haber vivido momentos desafiantes, interesantes, y difíciles. Obviamente, el Universo y el Dios personal deben “conspirar” en favor de los candidatos. No obstante, el futuro (el porvenir) se encargará de decidir quienes son los individuos apropiados y correctos.
(***) Secretario General Actual de las Naciones Unidas, António Guterres
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