Hay que intentar, intentar, intentar, luchar, luchar y luchar. Gracias Dios mío por darme la oportunidad de vivir, vivir y vivir. Cada uno moldea su destino. La perseverancia vence lo que la dicha no alcanza. Uno no es más feliz por ser metalizado (rico). Uno no es más feliz por ser famoso. A todos los que estamos en este planeta, nos toca, ojalá con una actitud positiva, asumir varios roles para así lograr la tranquilidad y la calma. Ser feliz no es sentir los neurotransmisores al máximo, sentir orgasmos mentales, jugar compulsivamente en un casino para convertirse en un rico. Por el contrario, una felicidad equilibrada (8 sobre 10) es la sensación correcta. Como dicen en Antioquia, un tensionadito bacano (chévere) es lo ideal. De todas formas, aunque tengamos muchos problemas por resolver, hay que dar lo mejor de uno-mismo. El asunto no es ser perfecto, pero actuar de una manera trasparente y aprender de los errores pasados para escalar la “Montaña Mágica”. Esta vida de color verde esperanza nos enseña que no somos perfectos; sin embargo, si queremos seguir adelante, sonriamos ante lo que nos depara la vida. “Aunque lo creas o no, el Universo marcha como debiera” tal como lo dice el poema “Desiderata”. No pretendo ser un escritor de la dimensión (envergadura) de García Márquez o de Vargas Llosa, eso sí pretendo ser solamente yo mismo, un escritor inteligente, con un puñado de lectores, que sientan que son escuchados por su nuevo amigo, Mauricio.
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